CON LA CAMISETA BIEN PUESTA

 
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Soy hincha de la Selección Colombiana. He de admitir que desde hace poco más de 5 años cuando el talento colombiano migró a Europa, me he hecho aún más fervoroso que antes, casi devoto de Falcao y compañía, simplemente porque me di cuenta que ahora si tenemos una oportunidad real de hacer papeles, a lo menos decorosos, como en Brasil 2014 donde nuestra actuación fue sobresaliente. 

Esta postura entiendo, es compartida muchos compatriotas que no se si reaccionan igual que yo ante los partidos de “la Sele” - como la conocemos algunos -. Sufro, lloro, grito y en general me comporto diferente a como normalmente lo hago cuando un partido o un resultado de la Selección está de por medio. Cuando nos eliminó Brasil en el mundial del 2014 lloré, no quería que nadie me dijera nada, ni mucho menos quería oír la típica frase de tía de “tranquilo, es solo un partido de fútbol” porque para mí evidentemente significaba mucho más que eso. 

Celebro los goles de Falcao en el Mónaco como si los hiciera yo, seguí a James en el Madrid y también era de los que creía que podía hacer mejor el trabajo que cualquier Asensio o Lucas Vazquez, situación que obviamente llevo a más de un improperio en contra de Zinedine Zidane. Esto solamente ilustra la ferviente forma en la que me preocupo por el rendimiento de los jugadores, siempre con miras a la siguiente fecha de eliminatorias suramericanas. 

Pero últimamente he notado que la Selección significa mucho más que los 11 representantes de un país frente al fútbol mundial jugando un partido. Me di cuenta que especialmente que la camiseta de la Selección representa para los ciudadanos algo mucho más profundo que un trapo que se suda 90 minutos. La camiseta de la Selección es más símbolo patrio que el escudo, del cual estoy seguro más de uno de los lectores no sabe que lo compone, que animal lo corona o que es un gorro frigio. Pero, original o no, camiseta de la selección tenemos o hemos tenido una casi todos.

Es frecuente además que la gente la use para apoyar cualquier cosa o actividad relacionada con el país, su devenir político o triunfos deportivos. Tuve la oportunidad de ver a Sebastián Muñoz en un evento del PGA Tour, circuito profesional de golf de Estados Unidos, y en la cancha, otro compatriota con la camiseta de “la Sele” apoyando a Muñoz. Los olímpicos de Rio fueron un gran ejemplo de lo que me refiero. Constantemente veía gente en las calles con la camiseta puesta, sólo porque ese día corría Mariana Pajón o saltaba Catherine Ibargüen.

A lo que me refiero con esto es simplemente ilustrar como el fútbol siempre es algo más que sólo fútbol, y los símbolos que tiene trascienden y pueden llegar a ser lo más representativo de una nación frente al mundo.

Hoy, en esta coyuntura de eliminatorias y donde a pesar de los jugadores y cuerpo técnico, dependemos de nosotros mismos para clasificar a Rusia 2018. Así, la camiseta de la Selección será escudo, bandera, espada y estandarte de muchos colombianos que estamos siempre. Espero, de todo corazón poder vestir la camiseta mientras la Selección juega en Rusia, porque cuando hay un país roto, no hay nada mejor que poder volver a sentir ese sentimiento patriótico que, por mi parte, solamente he visto en una ocasión, y esa fue un mundial.

 
Victor Delgado Jaramillo