MESSI NO ES EL MISMO

 
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Para nadie es un secreto que Messi es uno de los mejores –si no el mejor– jugador de los últimos tiempos, y porque no, de la historia. Lo que hace con el balón está al alcance de muy pocos, casi nadie hace lo que él puede hacer con la pelota. Propios y extraños disfrutan y se enamoran del fútbol al ver jugar al rosarino. Máximo goleador de La Liga, máximo goleador de la historia de Barcelona, 5 Balones de Oro, 8 Ligas, 5 Copas, 7 Supercopas, 4 Champions, 3 Supercopas de Europa, 3 mundiales de clubes. Lo ha ganado todo con el Barça. Pero tampoco es un secreto que con Argentina no ha ganado –casi- nada. Subcampeón del Mundial y medalla olímpica. Pero anda más. Ni Mundial, ni Copa América. Además, muchos critican a Leo diciendo que su rendimiento con la albiceleste no es el mismo que da con la blaugrana. Cuando representa a su país, Leo no es Leo, no es el Messi del Barça ese que enamora a la hinchada y desespera y humilla al rival.

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué Messi no rinde al mismo nivel con Argentina y con el Barcelona? Hay tres razones fundamentales: la posición en el campo, la química con el equipo y los compañeros que lo rodean.

Messi juega de Messi. Ya sea de falso 9, de extremo o detrás del 9, el técnico siempre sitúa a Leo donde más cómodo se siente en el campo. Eso es cierto tanto en Barcelona como en Argentina. La diferencia radica en lo que pasa con su juego, su posición en el campo una vez rueda el balón. En Barcelona a Messi le llega el balón limpio a la zona donde más peligro puede crear, a los últimos 20 metros para que haga magia o un pase en profundidad para que defina. Está en su zona y allá, donde más peligro genera, es donde recibe el balón. Con Argentina, la cosa cambia. Es normal ver a Leo retroceder hasta medio campo o incluso hasta su propio campo para tratar de recibir el balón. Le quedan 70 metros por delante con varios rivales delante de él, incluso para Messi eso es complicado. Le toca hacer todo, recuperar, sacar al equipo y marcar. Es muy bravo lo que le toca, es imposible pensar que con Messi entrando en contacto con el balón en medio campo va a generar tanto peligro como el que genera recibiéndolo en los últimos 20 metros.

Otro tema importante es el de los compañeros que rodean al ‘10’. Romero es un muy buen arquero, infravalorado por muchos, pero está a años luz de Ter Stegen. Acuña es un buen lateral, cumplidor, pero no mucho más. En un 1 a 1 Jordi Alba le pasa por arriba. Mascherano es un muy buen central, quizá el mejor de la zaga, pero al nivel actual ni él ni Otamendi le dan la talla a la dupla Pique-Umtiti. Mercado es, quizá, el único que le da la talla a su par blaugrana en la zaga. La diferencia de nombres y talento se nota aún más de mitad de campo en adelante. Biglia-Banega- Di María vs Busquets-Rakitic- Iniesta. Es evidente cuál de los dos medios campos sale vencedor. A eso súmenle tener de compañeros de ataque a Suarez y Neymar/Dembelé o tener en ataque a Higuaín, Benedetto o el Papu Gómez. No es por quitarle mérito a ningún jugador albiceleste, si están defendiendo la camiseta de su país es por méritos propios y sin duda lo merecen. Pero también es cierto que la nómina que tiene el Barça es infinitamente superior.

Más allá de los nombres, hay algo aún más influyente en el juego de Messi y es la química que tiene con sus compañeros. No química entendida como amistad, que seguro que Lio es íntimo amigo de la mayoría de sus compañeros de selección, pero la química dentro de la cancha. Messi se entiende con la mirada con Iniesta, Suarez, Rakitic y compañía. Una mirada, eso es todo lo que basta para que ellos entiendan Messi a donde quiere el balón y para que el ‘10’ sepa a donde le van a poner el balón Esto pasa por una razón muy sencilla: entrenamiento. Estos automatismos, ese entendimiento casi telepático tienen que entrenarse. Es lo que tiene verse todos los días en el campo de práctica y jugar juntos cada tres o cuatro días. Con la selección es mucho más difícil, y no es solo el caso de Messi. Juegas cada 3 o 4 meses dos partidos y entrenas 3 días antes de cada juego y vuelves a hacer las maletas y a ‘esperar’ otros 3 o 4 meses. Así es muy bravo generar esos automatismos, o tener ese entendimiento innato entre los jugadores. A Messi se le pide más por ser él, pero solo no puede.

Por último, un bonus. Toda selección, para irse renovando, depende esencialmente de jugadores de su liga. Ya sea para convocarlos directamente o para desarrollarlos y que jueguen por fuera. De la liga de cada país sale, indudablemente, el futuro de cada selección. Para nadie es un secreto el caos en el que vive el fútbol argentino desde hace años. El ambiente convulso entre equipos, jugadores y dirigentes. La AFA se ha convertido, últimamente, en el hazmerreír del continente por sus malos manejos y pésima gestión. Eso trae una consecuencia: no hay relevos de calidad para la selección. Si alguno de los titulares o de los cracks de Europa se lesiona y hay que acudir al medio local por un relevo ¿Qué hacemos? Benedetto es sin duda la excepción a esta regla y su nivel es tremendo. Pero ¿y el resto? La culpa de que la situación actual de Argentina en las Eliminatorias es más de los dirigentes que de Messi y si la albiceleste va a Rusia es únicamente gracias a que tienen al mejor jugador de la historia en sus filas.

 
Daniel LuqueComment